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Panorámica semanal: La política se mueve para redefinir la tecnología, después de que la tecnología haya redefinido la política

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La política es la estrella de los pronósticos tecnológicos para 2021: El Wall St Journal publicó esta semana su visión sobre las cinco principales tendencias de las empresas tecnológicas en 2021. Los temas no os parecerán tan nuevos a los lectores de las Panorámicas Semanales: Regulación, el dilema del crecimiento para las Big Tech (que las empuja a competir entre ellas), los coches eléctricos, la ciberseguridad y el nacionalismo tecnológico / «Segunda Guerra Fría». Al menos tres de estos temas están muy relacionados con la política y la regulación. Así que parece que estamos entrando en una era diferente para la tecnología, con un papel mucho más significativo de la política, y mucha más incertidumbre empresarial (WSJ)

Grandes expectativas para que Joe Biden construya las «nuevas reglas«: En particular, en la semana de la inauguración presidencial en Estados Unidos, todas las miradas estaban puestas en Joe Biden y en la agenda de su equipo para la industria tecnológica. El New York Times especula sobre cinco puntos clave: 1) la regulación de las empresas tecnológicas, para reducir su poder (demasiado grande hoy en día, según algunas perspectivas); 2) un segundo tipo de regulación, que aborde la libertad de expresión en los medios digitales (recientemente puesta en cuestión tras los eventos del Capitolio); 3) la política tecnológica en relación con China (una nueva fase de la Segunda Guerra Fría); 4) la posible solución a la «brecha digital» en Estados Unidos (la pandemia ha puesto de manifiesto los problemas de alguna gente para trabajar o estudiar a distancia); y 5) otros temas como la ciberdefensa, la regulación de la privacidad o los derechos de los trabajadores de la “economía compartida” (NYT)

Todo el mundo ve un problema con los algoritmos… Una discusión central en estos días de polarización política es, una vez más, el papel que los algoritmos de las redes sociales han jugado en la creación de esta situación. Muy particularmente, se debate la necesidad de alinear los objetivos que se fijan para estos algoritmos con los de una sociedad democrática. Pero esto es más fácil de decir que de hacer. Incluso si está claro que los actuales canales de noticias, cuando buscan maximizar el tiempo de atención de los usuarios, generan «efectos colaterales» muy negativos, decidir qué incentivos son los que habría que utilizar es un problema difícil. Joanna Stern del WSJ ha discutido todo esto con algunos expertos, y propone algunas posibles soluciones: 1) La radical («sin algoritmos y sin anuncios», es decir, una ordenación de los posts puramente cronológica), 2) La de moderación de contenido («quitar prioridad a lo destructivo»), y 3) La de devolver el control a los usuarios (proporcionarles herramientas para que los «sintonicen» el tipo de noticias que quieren tener en sus canales) (WSJ)

Y el debate sobre ética está ocurriendo ahora también dentro de las Big Tech: Más problemas potenciales de reputación para Google, con la noticia esta semana de un conflicto entre la compañía y uno de sus investigadores de «ética de la Inteligencia Artificial». Después de la ruidosa (y no muy agradable) salida de Timnit Gebru el mes pasado, ahora se ha publicado que Google ha bloqueado a Margaret Mitchell, otra persona de ese equipo, de todos los sistemas corporativos. Si la justificación es una diferencia de opinión sobre las conclusiones de algunos de los estudios que el equipo está produciendo, esto mostraría una creciente preocupación en Google sobre el posible impacto negativo de todas estas discusiones éticas en su modelo de negocio. Gebru, que no parece muy contenta con su ex-empleador, ha reaccionado con un tweet afirmando que «hace tiempo que no veía una empresa que tuviera tan poca vergüenza»  (Bloomberg)

Esto podría ser una oportunidad para que los medios de comunicación tradicionales recuperen algo de poder (o no…): Bajo la obvia amenaza de acciones regulatorias en su contra, Google y Facebook están buscando ahora firmar acuerdos con las empresas de comunicación para pagar por algunas noticias. Algo que estaría muy en contra de la posición tradicional que han mantenido, pero que puede verse como una forma de priorizar el contenido profesional o de «mayor calidad», y evitar la información «falsa» o «tóxica». La industria de los medios de comunicación podría verlo con cierta esperanza de que sirva para frenar la continua erosión de sus ingresos por las tecnologías digitales, un poco como lo que ocurrió con la música. Pero las cifras no cuadran, ya que, por ejemplo, Google ha dicho que dedicará a esto 1.000 millones de dólares en 3 años, mientras que los ingresos de la industria son actualmente de 108.000 millones de dólares. Además, paralelamente a estas iniciativas, tanto Facebook como Google han entrado en una desagradable lucha contra el gobierno de Australia, que quiere obligarles a pagar a los proveedores de noticias por sus contenidos. Las dos han llegado a amenazar con dejar de prestar sus servicios en el mercado australiano (Bloomberg)(FT)

Continúa la resaca después del asalto al Capitolio: Más acciones de las Big Tech sobre prohibiciones de cuentas y suspensiones de servicio. El lunes pasado, Google Play suspendió Wimkin, otra red social alternativa, en su App Store, citando posts que fomentaban la violencia. Más adelante en la semana, Facebook anunció que la posible revisión de la decisión sobre la cuenta de Trump, incluida su posible reapertura, será abordada por el organismo de supervisión independiente que la compañía estableció para arbitrar las decisiones de moderación de contenidos (WSJ)(FT)

Twitter intenta parecer más «equilibrado»: La semana pasada todas las empresas de tecnología, y Twitter en particular, fueron acusadas de parcialidad contra la derecha política, con el argumento de que la cuenta de Trump había sido suspendida mientras otras cuentas apoyadas por el gobierno chino o por Irán y Venezuela seguían activas. Esta semana la empresa hizo un anuncio que podría “equilibrar” su imagen, con la cancelación de una cuenta de la embajada china en Estados Unidos, que había defendido las políticas de China con la población Uighur (Bloomberg)

Se publican más opiniones que apoyan la prohibición de cuentas en las redes sociales… Un columnista del FT acogió con beneplácito el bloqueo a Trump en Twitter, como un buen «precedente» para que la compañía «tenga en cuenta a otros líderes», con «muchos candidatos potenciales» incluyendo a Maduro (Venezuela), Ali Khamenei (Irán) o incluso Putin (Rusia) (FT)

… pero también hay voces en contra: Mientras tanto, el WSJ publicó un artículo comparando lo que han hecho Facebook y Twitter con las amenazas de las que se habían quejado anteriormente, cuando defendían la regulación de la Neutralidad de Red. La idea es que entonces ellos mismos las presentaban como posibles acciones de los proveedores de banda ancha contra los derechos fundamentales de los americanos. El autor concluye que las afirmaciones de las Big Tech a favor de una «internet abierta y libre» no son más que muestras de hipocresía (WSJ)

La UE todavía tiene que demostrar su capacidad para controlar a las Big Tech: Europa está avanzando, más rápido que Estados Unidos, en la regulación de las Big Tech, pero todavía hay cierta confusión sobre cómo se abordará el tema. De hecho, algunas autoridades regulatorias nacionales están presionando para implementar sus propios marcos. Así que ahora estamos viendo cómo la Jefe de Competencia de la UE (M Vestager) está tratando de convencer a las Big Tech de que trabajar a nivel de la UE será beneficioso para ellas. Mientras tanto, el Parlamento Europeo está pensando invitar a las cuatro mayores plataformas a una sesión virtual para discutir la política fiscal y de competencia, pero como hay rumores de que algunas de ellas no quieren asistir, ahora algunos miembros del Parlamento están amenazando con sanciones (FT)(FT2)

En China, las medidas regulatorias han reducido drásticamente la valoración de Ant Group: Los efectos del «techlash» regulatorio chino contra las Big Tech locales quedaron claros esta semana, con la noticia de que Ant Group podría valer ahora menos de 108.000 millones de dólares (en comparación con los 320.000 millones de dólares considerados para la salida a bolsa que se suspendió en noviembre pasado) (Bloomberg)

Imágenes de la Segunda Guerra Fría

Antes de irse, Trump ha puesto algo de presión adicional entre Estados Unidos y China: Según Reuters, a principios de la semana pasada, durante los últimos días de la presidencia de Trump, el ya ex-presidente revocó las licencias que permitían a unas cuantas empresas americanas seguir trabajando con Huawei. La lista incluiría a Intel, que aún suministraba chips al gigante chino, principalmente para servidores y productos portátiles de consumo. Además, en una medida complementaria, anunciada en su último día completo en el cargo, Trump firmó una orden ejecutiva dirigida a lo que sus asesores describieron como «el abuso malicioso desde el extranjero de los servicios de infraestructura de computación norteamericanos» (es decir, los servicios en la Cloud de empresas como AWS, Microsoft Azure o Google Play). La orden permite al Departamento de Comercio de Estados Unidos impedir que los proveedores de Cloud Computing operen con países donde haya signos de «ciberactividad maliciosa» (Bloomberg)(Bloomberg2)

El sudeste asiático sigue siendo un campo de batalla clave: Shopee, una plataforma de comercio electrónico y pagos digitales en el Sur de Asia, y parte del conglomerado de Internet Sea de Singapur, ha desplazado a la filial de Alibaba, Lazada, desu posición como sitio más visitado en Filipinas, Singapur y Tailandia. Sea es ya la empresa más valiosa del Asia sudoriental, con un valor aproximado de 100.000 millones de dólares, y cotiza en Estados Unidos. Vietnam parece ser el próximo objetivo, y las visitas mensuales a Shopee ya se han incrementado +80% respecto al año pasado (FT)

China podría estar sacando ventaja de la crisis del COVID, pero el virus también está afectando la innovación tecnológica en el país: Los inversores chinos de capital riesgo se están alejando de las oportunidades tecnológicas arriesgadas y se están pasando a otros sectores «más seguros», ante la preocupación por la inestabilidad económica a raíz de la pandemia. Y quizás también por más cosas, ya que la caída de las inversiones en tecnología había empezado ya en 2018. En medio de este panorama, los semiconductores parecen ser (por razones obvias) la oportunidad más atractiva (FT)

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