El mundo en que vivimos ¿Y si? Panorámica semanal: la era de la "tecnopolítica"

Panorámica semanal: la era de la «tecnopolítica»

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La tecnología y la política, más mezcladas que nunca

La semana siguiente al asalto al Capitolio, las empresas de tecnología se mantuvieron en el centro de la discusión política. La eliminación la semana pasada de las cuentas de Twitter y Facebook de Trump ha sido objeto de fuertes debates, incluyendo el papel que estas cuentas pueden haber tenido en la provocación de incidentes violentos. Además, otras tecnológicas han actuado también, afectando a las nuevas aplicaciones (como Parler) donde los activistas de Trump se habían empezado a mover (como Parler). El resultado final, por ahora, es un fascinante debate sobre los límites de la libertad de expresión en la era digital, y (muy específicamente) sobre quién debería implementarlos, y cómo

De hecho, la crisis está revelando que se puede intervenir sobre la opinión pública desde unos pocos puntos “tecnológicos” de control: Albert Wenger, de Union Square Ventures (un fondo de capital riesgo de Nueva York) habló del tema en su blog esta semana. Se refiere a las acciones contra Parler, la aplicación hacia la que se han venido desplazando los usuarios de la extrema derecha desde las elecciones de noviembre, y más rápido aún después de los acontecimientos del Capitolio. Para él, el hecho de que el proveedor líder de infraestructura cloud (un mercado muy concentrado) haya eliminado a Parler, haciendo efectivamente imposible que los usuarios tengan acceso a ella, es un precedente. Revela que el control (en pocas manos) de recursos muy específicos en la cadena de valor de Internet puede ser un poderoso instrumento para decidir lo que se publica online y lo que no. Y eso puede estar mostrándonos que, en el futuro, los gobiernos podrían trabajar conjuntamente con las grandes corporaciones tecnológicas para influir en los ciudadanos de forma “no visible”, promoviendo o inhibiendo opiniones específicas (Continuations)

Las aplicaciones de redes sociales mantienen las prohibiciones, en medio de la controversia

Consistente con su prohibición de Trump, Facebook está actuando contra todo el contenido vinculado al asalto de Washington: Después de la suspensión de la cuenta de Trump, Facebook se ha movido para eliminar todo el contenido que incluya el slogan «paremos el robo», en un esfuerzo adicional para enfriar el debate en la plataforma. La empresa también confirmó que la cuenta del presidente se mantendrá suspendida por al menos 2 semanas (WSJ)

El miércoles, YouTube fue detrás de Twitter y Facebook: Google anunció la suspensión del «canal» de Trump en YouTube, y la pausa de todos los anuncios políticos en los sitios de la empresa, incluyendo cualquier referencia a la impugnación de las elecciones, la inauguración de Biden o el asalto al Capitolio. Google mencionó que estaban siguiendo un protocolo interno de «tres avisos» para esta decisión, con un primer aviso restringiendo nuevas subidas durante una semana, el segundo provocando la suspensión de la cuenta (lo que ha sucedido ahora) y el tercero provocando la eliminación definitiva. Gab, una plataforma alternativa favorable a Trump, dijo que estaban trabajando para hacer copias de seguridad y volver a publicar los videos (WSJ)(Bloomberg)

También el miércoles, Snapchat se movió: La compañía ha cerrado permanentemente la cuenta de Trump, argumentando que había violado muchas veces las «directrices de la comunidad» de la aplicación, publicando mensajes «de odio» e incitando a la violencia. Como Google, mencionaron un protocolo que se estaba siguiendo, incluyendo varias advertencias que ya habían sido enviadas al equipo de Trump cada vez que un mensaje violaba las reglas (Bloomberg)

Preocupados por el poder de las Big Tech, los gobiernos europeos también han criticado las prohibiciones: Si ya en Estados Unidos personas como Albert Wenger o el propio Jack Dorsey de Twitter (arriba) han mostrado preocupación por el poder que han acumulado las Big Tech, esto es aún más intenso en Europa, porque los gobiernos de aquí ven a estas grandes corporaciones como poderes «extranjeros». Incluso si estas empresas trabajaran en coordinación con instituciones democráticas, probablemente serían instituciones americanas. Así que no es una sorpresa que tanto Alemania como Francia se hayan opuesto públicamente a las decisiones. En Polonia incluso están hablando de una nueva ley de «libertad de expresión de los medios sociales» que haría imposible que las plataformas bloqueen ninguna cuenta (Bloomberg)(BBC)

Y el modelo chino nos recuerda los peligros de «dejar que los gobiernos controlen esto» (como algunos proponen): En China estamos viendo en acción un modelo diferente, tal vez más cercano a los peligros que Albert Wenger identifica en su blog, pero también aparentemente más ortodoxo según algunos analistas occidentales, que han reaccionado diciendo que deberían ser los gobiernos, y no las corporaciones privadas, quienes deberían tener la palanca para activar estas acciones de «censura». Un ejemplo en Hong Kong esta semana, donde un operador de banda ancha (HKBN) ha bloqueado el acceso a un sitio web con contenido político pro-democracia, nos da bastante que pensar (FT)

El CEO de Twitter defiende la prohibición, pero dice estar «preocupado» por el precedente: El miércoles tuiteó que, incluso si las acciones eran justificadas, «a largo plazo esto será destructivo para el noble propósito y los ideales de la Internet abierta» (WSJ)

Algunos discuten si las redes sociales tienen realmente tanta culpa: Un argumento frecuente estos días para criticar tanto a Twitter como a Facebook es que su reacción ha ocurrido demasiado tarde, y que podrían haber evitado el problema actuando más rápido. Esto puede ser cierto. Pero, ¿podría haber surgido el problema también sin ellos? A fin de cuentas, la radicalización política está lejos de ser un fenómeno nuevo. De hecho, el FT ha argumentado esta semana que los medios tradicionales, y muy particularmente Fox News en Estados Unidos, pueden haber jugado un papel más significativo. Como dice uno de los artículos: «Los noticiarios televisivos han establecido la idea de que lo que importa de una noticia es la controversia, no los hechos. Mark Zuckerberg se ha limitado a monetizar la controversia» (FT)(FT2)

Un debate más profundo ha empezado después de que las Big Tech actuaran sobre otros puntos de control (las App Stores y la Cloud)

Las medidas contra Parler, una aplicación alternativa, han mostrado el poder en manos de las Big Tech: Las Big Tech han tratado de evitar el debate sobre sus responsabilidades en el contenido viral «tóxico» de Internet, pero las medidas de Google, Apple y Amazon contra Parler, una aplicación social a la que estaban migrando los partidarios de Trump, han mostrado el poder que tienen para manejar la conversación, y la mayoría de la gente ve esto como el reconocimiento implícito de que en realidad deberían asumir responsabilidades. Google y Apple prohibieron a Parler en sus tiendas de aplicaciones, y Amazon hizo algo aún más profundo, como es la suspensión de la cuenta de Parler en la cloud, lo que llevó a la imposibilidad práctica de usar la aplicación, incluso desde un navegador web. La lógica parece clara: o bien las plataformas se hacen responsables del contenido que ahora han demostrado que pueden controlar, o bien son tratadas como una especie de «servicio universal» que no puede cancelar la cuenta de nadie a menos que la medida esté respaldada por una decisión judicial o un mandato legal. Pero no es una decisión fácil… (Bloomberg)

Los políticos se quejan de que empresas «irresponsables» están tomando este tipo de decisiones: Por ejemplo, el senador Marco Rubio habló de «poder monopolístico» en manos de «cuatro o cinco empresas». Y parece que este es el desafío clave (regulatorio) que podría impactar el futuro de las Big Tech. Otros han dicho que las medidas contra Parler han sido motivadas por razones de competencia, pero incluso aunque haya tenido muchas descargas (14x en una semana, después de los eventos del Capitolio, para llegar a 182.000 el viernes pasado), la mayoría de los analistas creen que el impacto en Twitter y Facebook habría sido muy limitado, desde una perspectiva empresarial (WSJ)

Parler lucha ahora por la supervivencia: El WSJ nos cuenta la historia de la prohibición de Parler en Amazon, y menciona mensajes en la plataforma donde los usuarios pedían envenenar el suministro de agua en barrios de minorías raciales, o matar a sus enemigos. Parler dice que su equipo de moderadores se ha visto sobrepasado y afirma que la decisión de Amazon fue una sorpresa, sin ninguna advertencia previa. La verdad es que, aunque las reglas de Parler decían que la actividad criminal no estaba permitida, parece que ellos toleraban conscientemente el lenguaje ofensivo y no verificaban mucho las noticias. Ahora el CEO dice que van a permanecer cerrados por más tiempo del inicialmente previsto, ya que no han sido capaces de encontrar proveedores alternativos de cloud, al parecer debido a la preocupación de los posibles candidatos sobre la publicidad negativa que eso acarrearía (WSJ)(Bloomberg)(WSJ2)

Y han demandado a Amazon: En una demanda presentada el lunes pasado, Parler afirma que Amazon ha hecho esto por «animosidad política» y «para reducir la competencia en el mercado de servicios de microblogging, en beneficio de Twitter». Amazon ha respondido que hay contenido en Parler que «alienta e incita a la violencia contra otros», y que la empresa es «incapaz o no está dispuesta a identificar y eliminar rápidamente este contenido». Como las otras Big Tech involucradas en el caso, el gigante de Seattle menciona una violación de sus términos de servicio (WSJ)

Las prohibiciones se suceden contra otras plataformas extremistas, a medida que emergen: El martes, Apple también suspendió Wimkin, una pequeña aplicación que dice ser un oasis de «libre expresión», por violación más de los términos de servicio, incluidos mensajes pidiendo una guerra civil en Estados Unidos y el arresto del vicepresidente Mike Pence. La plataforma tenía sólo 300.000 usuarios, pero Apple parece comprometida a mostrar consistencia en sus medidas, y parece que se ha cruzado un umbral (para tomar decisiones) (WSJ)

Y las empresas de Fintech se están uniendo a la tendencia: Stripe, que estaba procesando contribuciones privadas para financiar la campaña de Trump, y había sido vinculada a las recientes actividades de «stop the steal», ha anunciado que ya no procesará más pagos que sostengan «actividades de alto riesgo» como las que «ejercen, alientan, promueven o celebran la violencia ilegal o el daño físico a personas o propiedades» (WSJ)

Hay señales de que el problema no se ha resuelto aún

La encriptación y las comunidades privadas podrían ser el próximo refugio de los extremistas (como lo fueron también para ISIS): Facebook ha estado defendiendo la encriptación y las «comunidades privadas» como la solución para muchos de sus problemas de contenido / noticias falsas. Pero esto también tiene sus riesgos. El Financial Times señala el cambio de los grupos de extrema derecha a Signal y Telegram como una de las razones por la que estas aplicaciones de mensajería están creciendo tan rápido estos días. WhatsApp sería obviamente otra alternativa, pero ser parte de Facebook y haber anunciado recientemente cambios en sus políticas de privacidad son factores clave en su contra. Como un precedente de lo que está sucediendo ahora con la “alt right” americana, sabemos que el grupo terrorista islámico ISIS estuvo usando canales de Telegram en el pasado (FT)

El negocio de las «campañas de desinformación como servicio» está en auge: Un estudio reciente del Oxford Internet Institute ha descubierto que un número cada vez mayor de empresas de publicidad, marketing y relaciones públicas están ofreciendo a partidos políticos y gobiernos sus servicios para «manipular» la opinión online (FT)

El “techlash” regulatorio podría acelerarse globalmente

Sea cual sea la opinión sobre todas estas medidas, todo el mundo espera más regulación para las plataformas digitales: Ya había un «techlash» en marcha (y no sólo en Estados Unidos) que hemos estado comentando aquí desde hace mucho tiempo. Pero después de los recientes acontecimientos todo el mundo espera que esto se acelere, y que se convierta en una prioridad en la agenda de Biden. Este artículo del Financial Times menciona la posible derogación de la “Sección 230”, una ley estadounidense que protege a las redes sociales de ser demandadas a causa del contenido que llevan. Es interesante que esta alternativa posiblemente estimularía más acciones como las que acabamos de ver, así que es un poco sorprendente ver que algunos comentaristas favorables a Trump la apoyan (FT)

Parece que la acción política sobre las Big Tech es inevitable: O bien han estado inactivas, y han actuado tarde ante una amenaza contra la democracia que crecía en sus plataformas (como tiende a pensar la izquierda) o han violado los derechos de libertad de expresión al actuar contra fuentes de contenido específicas (como tiende a pensar la derecha). Nadie cuestiona ahora que estas empresas tienen mucho poder sobre la conversación online, y mientras se perciba que esto influye en los resultados políticos, los reguladores tendrán incentivos para actuar. En este contexto, las recientes suspensiones de cuentas pueden considerarse como medidas «preventivas» para evitar una mayor regulación, pero eso no parece realista (FT)(FT2)

La presión está aumentando también fuera de Estados Unidos, por ejemplo en los impuestos: En Europa y en otros sitios los gobiernos han empezado a actuar en relación con el impuesto local que las Big Tech están (no) pagando por los negocios que tienen fuera de Estados Unidos. Francia ya ha lanzado nuevos «impuestos de servicios digitales», y otros están por venir. Obama trató de evitar el tema, y tuvo éxito porque la tendencia era todavía incipiente. Trump ha adoptado un enfoque más confrontacional. Y el FT ve una oportunidad para que Joe Biden comience la negociación de un marco global de impuestos digitales que (según ellos) beneficiaría a todas las partes. Un «informe global antimonopolio» que acaba de publicar Freshfields (un bufete de abogados) espera que este y otros temas regulatorios formen parte de la agenda diaria de Facebook, Google, Apple y Amazon (WSJ)(FT)(Freshfields)

La regulación «business as usual» continúa. Esta semana, una nueva investigación en Amazon: El Estado de Connecticut ha comenzado una investigación del negocio de libros electrónicos de Amazon, ante alegaciones de comportamiento anticompetitivo en los acuerdos de la empresa con los editores (WSJ)

En una batalla regulatoria paralela sobre las Big Tech Chinas, Ant Group está trabajando para cumplir con los requisitos del gobierno: La historia en el sector chino de Internet es muy paralela a la que estamos viendo en Occidente. El Partido Comunista chino está preocupado por la acumulación de poder en manos de unos pocos gigantes Big Tech locales, y por eso pararon la enorme IPO de Ant Group hace unos meses. Ahora hay un proceso de «reordenamiento» en marcha, y esta semana el banco central chino confirmó que Ant Group está preparando un plan para «revisar su negocio» mientras siguen operando (Bloomberg)

Todo esto está creando un gran debate sobre el futuro del «capitalismo chino«: El «camino chino» al capitalismo ha sido un experimento aparentemente exitoso basado en la combinación de un estricto control político con una cultura de «libre empresa», claramente enfocada a las nuevas empresas de tecnología. A medida que la tecnología se mezcla con la política, con las Big Tech acumulando poder capaz de desafiar cada vez más a los gobiernos (igual que en Estados Unidos estos días), el Partido Comunista Chino ha empezado a actuar, y parece que ahora están rediseñando el modelo. En particular, la figura del empresario más exitoso de China, el ex-CEO de Alibaba, Jack Ma, está en el centro de todo esto, y sus empresas están bajo el radar del gobierno, con una investigación antimonopolio de Alibaba, y con reglas mucho más estrictas en curso para las actividades de su rama financiera (Ant Group). En el enlace adjunto del FT, un experto local describe cómo «los altos dirigentes chinos quieren asegurarse de que ni Ma ni nadie más vuelva a cruzar la línea roja tratando de ejercer influencia personal sobre las políticas del gobierno». Suena muy familiar… (FT)

El caso de WhatsApp también muestra lo sensible que se ha vuelto la opinión pública: Esta ha sido una semana poco convencional, así que no se ha convertido en trending topic como podría haber sido en otra época. Pero aún así ha habido una gran controversia sobre las intenciones de Facebook con las nuevas reglas de privacidad de WhatsApp. La comunicación inicial sobre los cambios que se avecinan ha generado una reacción muy negativa (incluyendo descargas masivas de aplicaciones de la competencia como Telegram y Signal, tras las recomendaciones de Elon Musk o Chamath Palihapitya, un ex ejecutivo de Facebook). Así que al final el despliegue de las nuevas funcionalidades se ha retrasado. Antes de esta decisión, Facebook había tratado de aclarar que las nuevas políticas no afectarán a la privacidad de los mensajes entre consumidores, pero la percepción «viral» ya se había expandido… (WSJ)(FT)

Mientras tanto, el desafío pendiente de Facebook es monetizar WhatsApp, sin asustar a los usuarios: Como se ha señalado en la columna Lex del FT esta semana, aún no está claro que el modelo B2B2C que ha funcionado en China (WeChat) pueda aplicarse en otros lugares. WhatsApp Business se lanzó en 2018 y ha tenido cierto impulso en Brasil o India, pero aparentemente no es muy rentable todavía (FT)

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